Origen, síntomas y tratamiento del estrés postraumático

Probablemente conozcas a alguien que ha pasado por un gran trauma durante su vida. El estrés postraumático puede generar un impacto tan fuerte que nunca parece ser posible recuperarse de él. Por desgracia, las situaciones que pueden afectarnos a nosotros o a gente cercana no son poco habituales, a veces tienen que ver con algún tipo de violencia ejercida por un tercero y otras se pueden originar durante desastres naturales o acontecimientos trágicos.

En algunos casos, la situación traumática no se supera y llega a generar lo que se conoce como trastorno del estrés postraumático, un tipo de ansiedad caracterizada por signos psíquicos, emocionales y físicos.

Se estima que alrededor de un 20% de las personas que, de alguna forma, estuvieron involucradas en casos de violencia como: agresión física, abuso sexual, víctimas de terrorismo, tortura, asalto, secuestro, accidentes o catástrofes naturales; desarrollan este tipo de trastorno. Sin embargo, la mayoría solo busca ayuda dos años después de la primera crisis.

Causas y signos del estrés postraumático

Las causas del estrés postraumático pueden ser innumerables y muy variadas. Las situaciones traumáticas generadoras del trastorno pueden ser amenazas a la vida englobadas en su dimensión física, dimensión psíquica, dimensión social, entre otras.

Quien pasa por una situación muy traumática y desarrolla el trastorno suele relatar que, al recordar el hecho por algún motivo, sea cual sea, parece estar reviviendo el momento, causando que el sufrimiento experimentado durante el suceso o sucesos del pasado vuelvan a sentirse como la primera vez, desencadenando alteraciones neurofisiológicas y mentales.

Recordar el trauma

Los signos de estrés postraumático pueden manifestarse en cualquier persona, de cualquier edad, que ya haya pasado por algún evento caracterizado como trauma. Las principales señales percibidas para identificar el trastorno son:

Recuerdos traumáticos: pesadillas y recuerdos espontáneos, involuntarios, frecuentes y con poco control sobre los mismos.

Pensamientos negativos: sentimientos de impotencia e incapacidad en protegerse del peligro, pérdida de esperanza en relación al futuro, sensación de vacío

Hiperexcitabilidad psíquica: reacciones de evitación exageradas, ataques de pánico (taquicardia, transpiración, calor, temblor, miedo, etc.), trastornos del sueño, dificultad para concentrarse, irritabilidad, hipervigilancia (estado de alerta).

Evitación: alejarse de cualquier estímulo que pueda desencadenar el ciclo de los recuerdos traumáticos, como situaciones, contactos o actividades que puedan vincularse al acontecimiento.

Distanciamiento emocional: disminución del interés recreativo o afectivo por actividades y personas que anteriormente resultaban en experiencias placenteras.

Estos y otros síntomas afectan desde tareas muy básicas del día a día hasta compromisos mayores, como relaciones personales y trabajo, pudiendo llevar meses o años después del evento traumático para manifestarse.

Si la persona que sufrió el trauma está debilitada, tanto por cansancio físico como por otros factores orgánicos o emocionales, la probabilidad de una reacción aguda al estrés postraumático aumenta. El historial de enfermedades mentales, el uso excesivo de alcohol y drogas, la inestabilidad emocional y la dificultad de adaptación también son factores de riesgo.

La repetición de los síntomas del estrés postraumático puede facilitar el desarrollo de enfermedades aún más graves, así como alteraciones clínicas tal como problemas cardíacos, diabetes, hipertensión, depresión, trastornos de personalidad, etc.

Tratamiento del estrés postraumático

El tratamiento del estrés postraumático se realiza con el objetivo de disminuir los síntomas presentados por el paciente, así como ayudarle entender los motivos y eventos que impulsan los recuerdos negativos de modo que pueda ayudarse al paciente a interrumpir los pensamientos que le generan angustia, así como construir una resistencia emocional basada en un esquema de estrategias de afrontamiento sanas.

Tratamiento del estrés postraumático

La forma más indicada de llegar a estos resultados es a partir de la terapia cognitivo-conductual, complementada por el uso de medicamentos como los ansiolíticos o antidepresivos de acuerdo con la situación de cada paciente.

El trabajo del profesional estará asociado directamente al relato del trauma que causó el trastorno en cuestión, analizando cómo el paciente piensa y se siente con relación al evento. A lo largo de las sesiones, la persona con el trastorno va aprendiendo a relajar su mente y entender lo que sucede en su psiquis y cuerpo al revivir la situación traumática, de modo que puede construir formas para lidiar mejor con cada una de las manifestaciones del trastorno.

Complementos a la terapia psicológica

Además de frecuentar un psicólogo o psiquiatra, algunas otras actitudes pueden ayudar en el tratamiento del estrés postraumático, variando para cada situación. La principal de ellas es que el paciente con el trastorno tenga el apoyo y contacto frecuente con las personas de sus círculos de confianza, como la familia o amigos, insertándose en ambientes de socialización.

El TEPT ha sido llamado “la herida escondida” porque no conlleva signos físicos externos. Pero incluso si se trata de un trastorno invisible, no tiene que ser silencioso. 

La práctica de ejercicios físicos, meditación, técnicas de relajación y unirse a una dieta sana también son beneficiosos para el bienestar de la persona. Además, es importante evitar malos hábitos como el exceso de bebidas alcohólicas o cigarrillo.

Con todos estos cuidados, el trastorno del estrés postraumático puede ser revertido o como mínimo estabilizado. Cuando la persona que vivió el trauma logra encontrar el equilibrio emocional y físico, es capaz de lidiar con sensaciones conflictivas para transformar su reacción a las mismas y volver a vivir de forma normal y tranquila.

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